Enseñarle nociones fundamentales de finanzas a los niños y adolescentes no es precipitado, tampoco es una estrategia prematura.
Orientar a los niños y jóvenes sobre conceptos financieros básicos, la mesada como herramienta de aprendizaje, fomentar la toma consciente de decisiones y enseñarles a manejar un presupuesto sencillo, se encuentran entre las estrategias más efectivas para formar hábitos financieros saludables desde el hogar.
Enseñarle nociones fundamentales de finanzas a los niños y adolescentes no es precipitado, tampoco es una estrategia prematura.
Por el contrario, el reforzamiento paulatino de estos conocimientos y prácticas les pueden augurar una relación sana y de provecho con el dinero cuando comiencen sus vidas adultas.
En caso contrario, los estudios han detectado que aumentan las probabilidades de que en la adultez cometan errores respecto a la toma de decisiones económicas, la acumulación de patrimonio, la planificación del retiro laboral y el uso de instrumentos financieros.
Es cierto que la educación formal debería ayudar a orientarlos, pero en la práctica se ofrece poco contenido sobre la materia en las escuelas. De modo que buena parte de la tarea debe hacerse desde el hogar.
Un dato revelador sobre este particular lo evidencian las pruebas PISA realizadas a estudiantes de 15 años de edad en los países de la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos (OCDE), que han identificado que la falta de exposición a la educación financiera, ya sea en la escuela o en el entorno familiar, se suele asociar con un desempeño menor, de 24 puntos menos en promedio, en el renglón de materia financiera en la evaluación frente a los chicos que sí tienen alguna formación financiera o experiencia práctica.
Enseñar desde la cotidianidad
Para Patricia Matos, gerente Ciclo de Vida Tarjeta de Crédito Scotiabank, lo primero que deben hacer los padres es inculcarles a los niños dos nociones importantes: ahorro y meta financiera. ¿Por qué se debe guardar dinero? Porque en la realidad es la principal manera de reunir los recursos para adquirir aquello que nos dé más bienestar.
Los chicos son más receptivos de lo que algunos podrían suponer con los temas financieros. “En nuestras charlas durante la Semana Económica y Financiera del Banco Central, donde participaron cerca de 400 niños y jóvenes, empezamos por explicarles cómo eso que llamamos bienestar se relaciona con la sensación de sentirse bien con ellos mismos. Allí se abre una primera compuerta para entender otros conceptos ligados a la economía”, revela.
En aras de la practicidad, la mesada es el gran instrumento para el aprendizaje, pues al ser su ingreso habitual, se les puede enseñar a los niños que, antes que gastarlo impulsivamente, es mejor guardarlo -completo o una parte- para algo que será satisfactorio en el futuro.
Pero ¿es posible inculcar este hábito cuando, en la niñez, la impulsividad puede ser tan común? “En nuestro acompañamiento a chicos sabemos que es posible aplicar métodos sencillos para discernir. Por ejemplo, los invitamos a preguntarse: ‘Eso que voy a comprar ¿lo quiero o lo necesito?’. Luego: ‘Si no lo compro ahora, ¿me pasaría algo negativo?’. Esto les ayuda a ser más reflexivos sobre sus gastos”, concluye Matos.
Presupuesto y organización
Una vez los hijos adoptan mecanismos de ahorro a partir de su mesada, es importante pasar a familiarizarlos con otros conceptos indispensables, como interés, préstamo e inversión.
La elaboración de un presupuesto resulta importante en esta etapa, en especial cuando ya en la adolescencia tienen sus primeras experiencias laborales, por ejemplo, los trabajos esporádicos durante las vacaciones.
“El presupuesto les permite llevar la pista a sus ingresos; sus gastos (salidas con los amigos, gustos que desean darse, etc.); y, por supuesto, la partida destinada al ahorro. De esta manera no desembolsarán más de lo que les ingresa. En esta etapa ya es indispensable que cuenten con mecanismos de ahorro formales como cuentas bancarias y certificados de depósitos”, manifiesta.
Sugiere que los padres premien la constancia haciendo aportes adicionales a estos mecanismos, lo que los familiarizaría con el funcionamiento, en esencia, de un sistema de previsión social o plan de retiro.
La práctica del ahorro en niños y adolescentes desencadena un efecto positivo muy poderoso, y no solo ligado a lo económico, me refiero a la generación de confianza. A partir de esta dinámica, los padres ven a los hijos como más maduros, más confiables y, por lo tanto, más preparados para tomar decisiones.
La autopercepción de los muchachos también evoluciona; se sienten más confiados para encarar los retos y oportunidades que el futuro abre delante de ellos: Una prueba de que, incentivar el ahorro, es más una enseñanza de vida que un mero formalismo financiero para los niños y adolescentes.
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